Adiós
Hoy fue la despedida en el
colegio Siempre Amanecer y fue una experiencia única y linda. Partimos temprano
como de costumbre con muchas ganas de pasar un último día lindo con los chicos.
Cuando estaba en el bus comencé a recordar todas las experiencias lindas que
pasamos en el año con Cristopher y Angello, y me puse un poco triste porque
esta sería la última vez pero al mismo tiempo contento de haber pasado tantos
momentos extraordinarios.
Llegamos y nos dirigimos a los
salones. En esta oportunidad, le pedimos a las profesoras del albergue que se
formé un solo grupo con todos los niños así podíamos hacer una actividad más
grande.
En primer lugar, llevamos
recortes de cartón en forma de máscaras de super héroe y le dimos uno a cada
niño. Angello me saludó efusivamente, algo poco común en él, y esto me hizo
sentir muy contento. Me senté a su costado con muchas tiras de papel de
colores, el cual él rasgó y luego pegó con mi ayuda en la máscara. Por momentos
no me hacía caso y fue un poco frustrante, pero al final logramos hacerlo
juntos. A Angello le gustó su mascará porque se lo ponía frecuentemente en los
ojos y me sonreía, esto me subió aún más los ánimos para trabajar.
Luego,
decidimos dejarles como recuerdo a todos los niños del salón un polo de nuestro
colegio pintado con témperas por ellos mismos. Para esto, pusimos el polo en la
mesa y lo rodeamos con unos envases de tempera abiertos. Me senté con Angello e
intenté decirle que pinte el polo con sus dedos pero no me hizo caso. Sin
embargo, cuando le hice un ejemplo de lo que tenía que hacer, comenzó a
hacerlo. Me sentí orgulloso de esto pues además de lograr que trabaje me sentí
como un ejemplo a seguir suyo y esto me gustó mucho. Finalmente pusimos la
huella de su mano el polo y quedó muy bonito.
En esta foto estoy yo con mi compañera Cristell
pintando con el pequeño Angello y la pequeña Sofía.
A continuación quisimos preparar
una actividad un poco más dinámica donde podamos jugar con los niños. Para esto
nos desplazamos al auditorio que está en el primer piso del albergue. Allí
encontramos un gran número de objetos que podíamos utilizar para armas una
pista de obstáculos. Luego, cada niño hizo el recorrido acompañado de su amigo
mayor. A Angello le gustó mucho esto y me sentí feliz al verlo emocionado.
Después de jugar un rato regresamos a los salones y fue el momento de
despedirnos de los chicos.
Sabía que Angello es pequeño y
probablemente no tomaría la idea de una “despedida” de manera correcta, por eso
evité decirle en cualquier momento que ya no regresaría nunca más. Simplemente
le dije que la pasé muy lindo con él todo este tiempo, le di un abrazo muy
fuerte y le dije que me acordaré de él todos los días.
En general esta experiencia de
CAS fue muy linda. Cada miércoles que pasaba en el colegio me hacía darme
cuenta que las diferencias son lo que más nos une a todos. Entre todas las
cosas que me enseñó CAS resaltó la tolerancia, la paciencia, la perseverancia y
la empatía. En parte me siento triste porque se acabó pero estoy contento de
haber tenido la oportunidad de conocer a esta gente maravillosa, tanto en el
colegio Siempre Amanecer este año como en el albergue municipal María Aráoz el
año pasado.

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