Hoy nos volvimos a dirigir al colegio Siempre Amanecer, listos para una nueva jornada. Esperábamos que sea el último día de charla pues estábamos llenos de ganas de poder interactuar con los niños.
Llegamos temprano al colegio y esperamos un rato en la sala a que llegue Amelia. Cuando llegó, seguimos la rutina de la mañana al tener un momento rápido de reflexión y oración. Luego, nos dirigimos a la sala-auditorio de siempre, sin embargo, esta visita rompería un poco la rutina.
La tarde se dividió en dos momentos: El primer momento fue el de una especie de repaso de todo lo que habíamos aprendido sobre el autismo hasta ese momento. Comentamos acerca de las dificultades que tenían que vivir las personas con TEA. Todo este resumen que hicimos me hizo sentir poco agradecido de las cosas que tengo, pues he nacido con una capacidad totalmente funcional y sin mayores problemas de desarrollo, sin embargo, estos pequeños e inocentes niños no solamente sufren de discapacidades mentales, sino también de la discriminación de personales que no reconocen el TEA. Es decir, un niño con autismo que no haya sido reconocido, en otras palabras, que no se le preste atención a esta condición especial y se le haga vivir bajo los parámetros de una persona cualquiera, puede generarle fuertes abusos en su contra. Si es que el niño asistiese a una escuela regular, sus compañeros de clase podrían burlarse de él pues tiene muchos problemas de aprendizaje y no tiene el diagnóstico de "autista". Muchas veces no valoramos las cosas que tenemos porque no imaginamos una vida sin estas.
El segundo momento de la tarde fue el de la observación. Amelia nos dio la oportunidad de salir en pequeños grupos a la hora del recreo de los chicos para observar su comportamiento y poder ver toda la teoría que habíamos aprendido en práctica.
Cuando me toco salir al patio y vi a aproximadamente 7 u 8 niños corriendo por el patio, pude comprobar lo que se nos había enseñado. Cada niño corría y jugaba por su cuenta, ninguno establecía una relación con otro, es decir, todos los juegos eran de a uno, pues establecer reglas y un comportamiento adecuado para un juego de a dos les resulta muy complicado. Habían niños que estaban haciendo un ejercicio de caminar en línea recta; si lo intentaban solos les resultaba imposible, necesitaban de una persona que esté ahí cogiéndola de ambos brazos para guiarlo. Nos limitamos solamente a observar mas no a interactuar directamente con ellos.
Luego de esto, para finalizar la jornada, regresamos a la sala y compartimos cada uno lo que habíamos visto. Muchos estuvieron de acuerdo con mi idea pues fue muy notorio.
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